El Teatro de la Maestranza volvió a convertirse en el corazón simbólico de Andalucía en el día de la comunidad. La entrega de los títulos de Hijos Predilectos y las Medallas de 2026 reconoció el talento, la trayectoria y el compromiso de quienes proyectan el nombre andaluz dentro y fuera de sus fronteras.
El telón del Teatro de la Maestranza se abrió este 28 de febrero con ese silencio expectante que solo precede a los días señalados. Afuera, Sevilla olía a azahar adelantado y a bandera blanca y verde. Dentro, Andalucía se sentó en sus butacas para reconocerse a sí misma.
La ceremonia de entrega de los títulos de Hijos Predilectos y las Medallas de Andalucía volvió a convertir el 28F en algo más que una fecha en el calendario, una puesta en escena del orgullo compartido.
El acto comenzaba con un vídeo que se hizo viral en redes en julio de 2025. En él cinco mujeres volvían a casa cantando después de pasar una agradable velada en la Velá de Santa Ana. El telón se abrió y las protagonistas de ese momento cantaron a toda Andalucía de tú a tú. Acto seguido Falete, Raule y María Parrado homenajeaban a Rocío Jurado cantando «Como yo te amo».
Isabel Jiménez presentaba ya las primeras medallas. En el ámbito deportivo, el aplauso fue especialmente cerrado para Olga Carmona y María Torres. Dos trayectorias distintas, fútbol y kárate, unidas por la disciplina y la proyección internacional. La imagen de ambas sosteniendo la medalla resumía una idea clara: el talento andaluz compite, gana y regresa con orgullo a casa.
Tras ese arranque energético, el acto bajó ligeramente el tono para entrar en el ámbito de la ciencia. Rosa María Rodríguez Domínguez, reconocida en Investigación, Ciencia y Salud, aportó solemnidad y respeto. Fue uno de esos momentos en los que el teatro guarda silencio y la ceremonia gana profundidad.
La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos con la Unidad de Cuidados Paliativos, también premiada en el ámbito sanitario. Cuando sus representantes subieron al escenario, el Maestranza se puso en pie. No fue un aplauso protocolario, sino un reconocimiento colectivo a quienes acompañan en los momentos más difíciles. El gesto convirtió el teatro en algo más que un espacio institucional, fue un homenaje humano.

El ritmo continuó con la entrega del Mérito Medioambiental a Luis Bolaños, en un tramo más reflexivo, centrado en el compromiso con la sostenibilidad y el territorio. Poco después, el escenario cambió de registro con la intervención del Ballet Flamenco de Andalucía, que llenó de movimiento y estética el patio de butacas, recordando que la identidad cultural también se expresa con el cuerpo.
Hubo espacio también para el reconocimiento institucional al alcalde de Grazalema y a la alcaldesa de Ronda, en alusión a su gestión ante las lluvias recientes, un gesto que conectó la gala con la actualidad y con la realidad de los municipios andaluces.
La Medalla a los Valores Humanos, Solidaridad y Concordia al pueblo de Adamuz marcó uno de los momentos más sentidos de la ceremonia. El aplauso fue prolongado y todo el teatro se puso en pie en un gesto espontáneo que rompió por unos segundos el protocolo. El reconocimiento evocó la respuesta ejemplar del municipio ante una tragedia que conmocionó a toda España, destacando la coordinación de los servicios de emergencia, el trabajo de las fuerzas de seguridad y la implicación de vecinos y voluntarios que se volcaron desde el primer momento. Fue un homenaje cargado de significado, en el que la emoción se percibía más en el silencio respetuoso que en las palabras.
El bloque económico arrancó con Raúl Berdonés y continuó con Ana Requena, ambos distinguidos en Economía y Empresa. Fue un tramo más institucional, centrado en el emprendimiento y la capacidad de generar empleo y proyección.
La música volvió a abrirse paso con la interpretación de “Lucía” a voz de María Parrado, que aportó un respiro emocional antes de entrar en el bloque de Proyección de Andalucía. Primero fue el turno de Juvencio Maeztu, símbolo de la Andalucía que opera en el ámbito internacional, y después el de Eva González, cuya popularidad aportó cercanía y reconocimiento inmediato por parte del público, Eva se mostró visiblemente emocionada, porque la gala que había presentado durante cinco años consecutivos, se convertía en el escenario de reconocimiento para ella.
La cultura volvió a ocupar un lugar central en esta edición. Morante de la Puebla recibió su distinción entre una ovación respetuosa y prolongada. Más allá de debates o etiquetas, su figura fue reconocida como parte de una tradición profundamente arraigada en la historia cultural andaluza, vinculada a una manera muy particular de entender el arte, la estética y la expresión popular. Distinto fue el tono cuando subió al escenario Ana Mena. Representa otra generación, otra industria y otra forma de proyectar Andalucía al exterior. Escenarios internacionales, plataformas digitales y un público global que canta con acento del sur.
El tramo final de medallas estuvo dedicado a las Humanidades y las Letras, con Bernardo Quintero y Sandra Golpe, poniendo el foco en la innovación tecnológica y el periodismo como herramientas para construir y contar la realidad andaluza.
Uno de los momentos más celebrados llegó con Cantores de Híspalis, distinguidos por una trayectoria que supera ya el medio siglo. Y no se quedaron solo en la foto, el grupo puso música en directo al acto, llenando el Maestranza de ese sonido inconfundible que mezcla tradición, emoción y memoria colectiva. Durante unos minutos, el teatro dejó de ser solemne para convertirse en plaza y romería.
Para finalizar la ceremonia se reconoció a los Hijos Predilectos de Andalucía, Manuel Carrasco y Paz Vega. La sevillana, con la serenidad de quien ha recorrido medio mundo sin perder el acento, reivindicó sus raíces sevillanas como el punto de partida de una carrera internacional que siempre ha llevado el nombre de su tierra por delante. Por su parte, el cantante onubense, acostumbrado a estadios llenos, habló con una emoción distinta, más contenida. No era el artista ante miles de focos; era el andaluz regresando simbólicamente a casa. La emoción le obligó a detenerse en varias ocasiones, incapaz de continuar el discurso mientras las lágrimas asomaban y el aplauso del público lo arropaba. La distinción, dijo, le llenaba de orgullo, y no hizo falta que lo repitiera demasiado: se le notaba en la voz entrecortada y en cada pausa que tuvo que tomar para recomponerse.
Tras el discurso del Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, Manuel Carrasco volvió al escenario solo con su guitarra. No hubo grandes arreglos ni luces espectaculares, solo él y los primeros acordes del Himno de Andalucía, interpretados con su característica sensibilidad. El teatro guardó silencio. La voz del onubense sonó cercana, más íntima que solemne. Algunos cantaban en susurro, otros simplemente escuchaban. Cuando terminó, el aplauso estalló, largo y cálido, llenando el teatro.
La foto final, con todos los galardonados sobre el escenario, dejó una imagen coral. Cultura, deporte, comunicación y compromiso social compartiendo plano bajo la misma bandera.










