El adiós más salvaje de Manuel Carrasco

Manuel Carrasco puso este sábado el broche final a su residencia en Sevilla con una noche dedicada a Pueblo Salvaje I y Pueblo Salvaje II, dos trabajos que representan una de las etapas más personales, arriesgadas y rompedoras de su trayectoria. El artista onubense regresó a sus raíces para cerrar cuatro conciertos históricos en el Estadio de La Cartuja y despedirse del público sevillano hasta 2028.

Si hay conciertos que quedan en la retina de por vida, uno de ellos pertenece a Manuel Carrasco. El cantante volvió a emocionar a Sevilla, y a sí mismo, en la última entrega de “Salvaje desde la raíz”, esta vez con una propuesta dedicada a Pueblo Salvaje I y II. El reloj marcaba las 22:25 cuando las luces del escenario se encendieron y las gargantas del público comenzaron a gritar eufóricas. La expectación se palpaba en cada rincón del estadio, como si todos intuyeran que estaban a punto de presenciar algo irrepetible.

Tras una proyección inicial haciendo referencia, precisamente, a sus raíces, un acróbata apareció en el escenario, llegando al final de la pasarela para ondear la bandera que daba paso al último baile de Manuel en Sevilla. El cantante comenzó el concierto con “Oh si pudiera”, acompañado de un coro gospel, y cuando Manuel entonó la primera nota, el fervor de la gente encendió La Cartuja.

“Pueblo Salvaje” y “Tengo el poder” continuaron la fiesta y algunas canciones después el cantante dedicaba unas emotivas palabras a los asistentes. “Sevilla, esta está siendo una de las giras más bonitas de toda mi carrera. Os digo desde las tripas de mi corazón que a veces me pregunto por qué tengo tanta suerte. Y sí, tengo suerte porque siento el cariño de cada uno de vosotros”, afirmó.

Creando noches históricas

Manuel Carrasco continuaba su viaje a su presente más inmediato, y las primeras notas de “Buchito” se coreaban en el estadio, poniendo un toque romántico. “Gente corriente” y “Respétame“ seguían con el repertorio de su disco más reciente.

Tras la intensidad inicial, Manuel no bajó las pulsaciones y “Prohibida” y “La reina del baile” sacaron los pasos prohibidos del artista. Sin embargo, la intensidad se volvió emoción con la Pucci acompañando a Manuel con “Cambiar”. Y tras interpretar uno de los temas más sentidos de Pueblo Salvaje I, la corista dedicaba unas emotivas palabras al artista. Tampoco faltó “Los sueños perdidos”.

Mientras los ojos del público seguían fijos en el cielo, una orquesta ocupaba discretamente su lugar sobre el escenario para acompañar una de las interpretaciones más conmovedoras de “Ya no”. Durante unos minutos, las dimensiones de La Cartuja parecieron desvanecerse. Manuel Carrasco cantaba con la cercanía de quien comparte canciones en una pequeña sala, ajeno a las 65.000 personas que llenaban el estadio. Esa atmósfera íntima continuó con “No dejes de soñar”, cuando miles de linternas se encendieron en las gradas y transformaron el recinto en un inmenso océano de luces que arropó al artista hasta el último acorde.

Manuel Carrasco, en su último concierto en el Estadio de La Cartuja. | FOTO: Pilar Jesús Santos Caballero

Un estadio entregado a Manuel Carrasco

La noche avanzaba con más intensidad aún. Tras la interpretación de un grupo de baile de “Polaroids” y “El grito del niño” Manuel volvía al escenario para crear un ambiente festivo con “Hay que vivir el momento”, “Amor planetario” y “Hasta por la mañana”.

Antes de poner patas arriba el escenario, Manuel decidió lanzar un dardo a los de arriba y se posicionó ante los conflictos que acontecen en la actualidad. Con “La humanidad” el artista reflejaba su esperanza de la existencia de un mundo mejor, más defensor y concienciado ante las guerras latentes.

Aunque detrás de Salvaje desde la raíz hay una producción de grandes dimensiones, siempre hay un instante que devuelve a Manuel Carrasco a su esencia. La guitarra es uno de ellos. Solo sobre el escenario, sin más artificio que su voz y seis cuerdas, el onubense acorta las distancias con el público y parece regresar a aquellos años en los que las canciones nacían lejos de los grandes recintos. Con ella interpretó “Salitre” y “Mujer de las mil batallas”, haciendo un viaje a través de la nostalgia.

Justo cuando parecía que la intensidad iba a volver a latir, Manuel invitaba al escenario a su paisano Arcángel. Juntos interpretaron “Espera un momento” y el isleño animó a su invitado a arrancarse a cantar un fandango. Y así lo hizo.

Una última noche para la historia

“Uno x uno” vino acompañada del público. Después de bajar a las primeras filas el cantante entonaba la melodía de una de sus canciones más reconocidas. A ella le siguió “Rumba salvaje”.

Si el año pasado fueron los Cantores de Híspalis los encargados de poner a bailar a La Cartuja por sevillanas, en esta ocasión ha sido María del Monte la elegida para hacerlo junto a Manuel. “Hay que batir el récord del año pasado”, bromeaba Manuel, y junto a la sevillana cantaron “Cántame” ante un estadio que no dudó en levantar los brazos y ponerse a bailar, por muy limitado que fuese el espacio.

Las sorpresas aún no habían acabado, para interpretar “Bailando con lobos” Manuel invitó al cantante de Sexy Zebras, creando uno de los momentos más intensos y alocados de todo el concierto.

Bien entrada la medianoche la energía seguía lejos de agotarse. Con “Tan solo tú”, Manuel Carrasco recorrió la pasarela de punta a punta impulsado por la energía de un estadio completamente entregado. A cada paso, las llamaradas que brotaban del escenario parecían acompañar el pulso de una actuación que se acercaba a su desenlace sin perder fuerza.

El final estaba cerca y después de “incendiar” La Cartuja con “Qué bonito es querer”, Manuel se sinceró. “Gracias por hacerme soñar a lo grande. Nada de esto hubiese sido posible sin vosotros. Espero que me estéis esperando en 2028”, confesó.

“A la sombra de una higuera” fue la encargada de poner el punto final a la residencia de Manuel Carrasco en Sevilla. Mientras un estallido de fuegos artificiales envolvía el escenario, el artista recuperaba uno de los gestos más simbólicos de las cuatro noches, hondear las banderas de cada una de ellas. El círculo quedaba así cerrado. En ese instante, el escenario se llenó de nuevo con todos los que habían formado parte del espectáculo, orquesta, bailaoras, técnicos y resto del equipo, en un último gesto colectivo que reforzaba la dimensión del cierre. “Nos vemos pronto, Sevilla”, se despidió el artista antes de desaparecer entre una ovación interminable y con el público ya mirando hacia 2028. Y es que Sevilla no se despide de Manuel Carrasco, simplemente lo espera.

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