La artista gaditana hizo vibrar al público sevillano en una noche marcada por las palmas, los clásicos de su trayectoria y una bulería final dedicada a la ciudad
La Real Maestranza de Caballería de Sevilla volvió a vestirse de música este sábado por la noche para recibir a Niña Pastori. El coso sevillano se convirtió en escenario de una velada en la que el flamenco fue el punto de partida, pero no el único destino. La artista gaditana recorrió buena parte de su trayectoria a través de un repertorio en el que convivieron bulerías, flamenco, sonidos latinos y grandes canciones que el público reconoció desde los primeros compases.
Antes incluso de que comenzaran a sonar los primeros acordes, las palmas del público ya anunciaban lo que estaba por llegar. La conexión entre artista y espectadores se hizo evidente desde el comienzo de una actuación que arrancó con una bulería, dando paso a ‘Periódico de ayer’, una de las primeras canciones de la noche.
El concierto continuó con ‘Ligia Elena’ y ‘Gitana gitana’, antes de que Niña Pastori se adentrara en un repertorio de marcado carácter latino con ‘El incomprendido’ y ‘Bamboleo’. La diversidad musical fue una de las constantes de una noche en la que la cantante demostró una vez más su capacidad para transitar entre diferentes estilos sin perder la raíz flamenca que define su carrera.
Uno de los momentos destacados llegó con ‘El Gran Varón’, interpretada con una intensidad que volvió a levantar las palmas entre los asistentes. La canción dio paso además a un solo de trompeta que puso el foco durante unos minutos en la banda y aportó un cambio de ritmo a la actuación.
La noche avanzaba y Niña Pastori iba alternando canciones conocidas con otros momentos más íntimos. ‘La ciudad’, ‘La Tierra’ y ‘Válgame Dios’ fueron algunas de las piezas que ocuparon el tramo central del espectáculo, antes de que llegara uno de los momentos más reconocibles para el público andaluz: ‘Cai’.
La artista continuó entonces con ‘Quiero ser’, ‘Dime quién soy yo’ y ‘Desde la azotea’, en un recorrido por distintas etapas de su repertorio. La voz de Niña Pastori se encontró durante toda la noche respaldada por una banda que acompañó los cambios de una propuesta construida para hacer partícipe al público.
La emoción volvió a tomar protagonismo con ‘Corazón de mar’ y ‘La quiero a morir’, seguida de ‘Pon que dale’ y ‘La orilla de mi pelo’. A esas alturas, la Maestranza ya se había convertido en una gran celebración compartida, con las palmas acompañando buena parte de las canciones y el público entregado a una artista que ha hecho de la fusión entre tradición y modernidad una de sus principales señas de identidad.
El espectáculo encaró su recta final con ‘Sinfonía’, ‘Hablo contigo’ y ‘Estoy aprendiendo a vivir’. Después llegarían ‘De boca en boca’, ‘Amor de San Juan’, ‘Quién te va a querer’ y ‘Puede ser’, canciones que mantuvieron la intensidad de una noche que avanzaba hacia su desenlace.
Niña Pastori reservó todavía varios momentos para despedirse de Sevilla. ‘Bon día’ y ‘Cuando te beso’ dieron paso a uno de los momentos más emotivos del tramo final, con la artista interpretando una canción en la que una llama permanece encendida dentro del corazón.
Pero la despedida aún tendría espacio para más música. El concierto terminó entrando en terreno festivo con un popurrí en el que sonaron, entre ellas, ‘Tengo una cosa’ y ‘¿Y para qué?’, antes de que la artista gaditana pusiera el broche definitivo a la noche como mejor podía hacerlo: por bulerías.
La última canción estuvo dedicada a Sevilla, cerrando así una actuación en la que Niña Pastori llevó hasta la Maestranza su particular manera de entender el flamenco y sus múltiples caminos. Entre palmas, canciones conocidas y una conexión constante con los asistentes, la artista convirtió el coso sevillano en una gran fiesta musical y dejó una despedida a la altura de una noche pensada para disfrutar de la música al aire libre.









